Un atelier hecho a la medida

Sofia y ErnestoErnesto Jiménez

(La Habana, 1974). Arquitecto, graduado en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría, en 1996. Cuatro años después homologa su título en la Facultad de Arquitectura de Porto (Portugal). Ha trabajado en el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM) y la empresa Filipe Oliveira Dias.

Sofía M. de Aguiar

(Porto, 1973). Graduada de arquitecta en la Escuela Superior Artística de Porto (ESAP), en 1998. Ha trabajado en el atelier del arquitecto Manuel Marques de Aguiar y el CRUARB, organismo responsable por la rehabilitación urbana de Porto como ciudad Patrimonio Mundial.

Ambos profesionales fundan en 2005 el atelier de arquitectura Belomonte Estudio en la ciudad de Porto. El atelier se ha orientado al desarrollo de proyectos vinculados de manera transversal con el arte, la arquitectura y el diseño.

¿Cómo surgió este proyecto de diseño?

Este proyecto surge por la necesidad que tenía Antonio Macedo, nuestro cliente y amigo, de contar con un espacio funcional para producir su obra. Estamos hablando de un pintor hiper-realista que domina a la perfección la técnica de la pintura al óleo.

Su principal exigencia era poder controlar la entrada de luz natural de una forma eficaz, pues ese es un factor fundamental para lograr el realismo cromático en sus obras.

El estudio

El estudio. Foto cortesía de los diseñadores.

Además, necesitaba un pequeño espacio privado, separado de la sala de trabajo donde pudiera recibir a sus clientes y modelos de forma confortable. Por último, quería una continuidad física y visual entre el jardín y la sala de trabajo, siendo uno extensión del otro.

Salón social

Salón social. Foto cortesía de los diseñadores

Con estas premisas como punto de partida y haciendo el necesario ejercicio de entender las necesidades de este amigo, fue que nació esta obra en el lugar que hasta ese momento era el garaje de autos.

¿Cómo materializaron las necesidades del cliente?

No fue fácil. Como casi siempre suele suceder, el presupuesto era bastante justo, lo que hizo que nos concentráramos en lo esencial. Y lo esencial era, en gran parte, que Antonio pudiese controlar la luz a su antojo. Por tanto estábamos hablando de materializar un espacio cromáticamente neutral contenido en un volumen puro.

Jardín e interior

Jardín e interior. Foto cortesía de los diseñadores

A este espacio llevaríamos la luz a partir de una claraboya existente en la cubierta, sobre la cual diseñamos un elemento metálico que bloquea la luz directa y capta apenas la luz del norte. Bajo esta claraboya, una cortina motorizada le permite al artista regular la intensidad esperada.

Atelier terminado

Atelier terminado. Claraboyas en el techo. Foto cortesía de los diseñadores.

Por otro lado, también era importante garantizar una relación de continuidad entre el interior y el exterior para aumentar sensorialmente los espacios y lograr la continuidad espacial deseada, sobre todo en la sala destinada a recibir a los clientes. Es por esto que optamos por generar grandes vanos acristalados que logran este propósito.

Después de la obra

Después de la obra. Foto cortesía de los diseñadores.

Esta fue una obra pequeña en tamaño de la cual aprendimos mucho.

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